Por: Paola Lozano
Planificar es imperioso para un profesor, pues permite juntar la teoría con la práctica. Es decir, poder hacer uso de los contenidos (teoría), que son más o menos estándares y comunes, de la forma más conveniente posible. De esta manera, una planificación apropiada implica que el docente pueda recurrir a diferentes herramientas y metodologías para que los contenidos programáticos lleguen de mejor manera a los alumnos.
Planificar es imperioso para un profesor, pues permite juntar la teoría con la práctica. Es decir, poder hacer uso de los contenidos (teoría), que son más o menos estándares y comunes, de la forma más conveniente posible. De esta manera, una planificación apropiada implica que el docente pueda recurrir a diferentes herramientas y metodologías para que los contenidos programáticos lleguen de mejor manera a los alumnos.
En este artículo se hablará sobre la importancia que tiene estos conocimientos al momento de planear la clase. También se verá como es necesario tener conocimientos teóricos y metodológicos que permitan a los docentes estar capacitados para realizar de manera efectiva su acción docente, la cual está muy relacionada con el desarrollo de la habilidad de planear la cual a su vez, requiere del desarrollo de habilidades para la investigación educativa con el fin de replantear la tarea a luz de datos tanto teóricos como los emanados de la experiencia diaria en el aula.
Actualmente en las instituciones de educación tanto en el nivel primario como en el superior se ha observado la importancia que tiene para el desarrollo del estudiante el aprendizaje significativo. Este concepto es acuñado dentro de la teoría cognoscitiva del aprendizaje, siendo David Ausubel (1983) uno de sus principales representantes. Este autor concibe el proceso de enseñanza-aprendizaje como un fenómeno complejo en donde existe una diversidad de variables que afectan el acto de aprender, es por ello que el cambio prioritario en el que se sustentan los preceptos de estos planes educativos estratégicos es buscar que los docentes comprendan que dentro de las aulas es prioritario el acto de aprender, lo cual implica lograr que el estudiante encuentre significativo lo que el docente pretende que él aprenda.
Ausubel (1983), mediante su teoría, enfatiza la importancia que tiene para los estudiantes la formación intelectual. Dicha situación implica para los docentes un reto, ya que supone para ellos la búsqueda de estrategias de enseñanza-aprendizaje así como actividades de aprendizaje y evaluación que conduzcan a interesar a los alumnos en el aprendizaje del contenido de la materia, lo cual a su vez será el medio por el cual se buscará desarrollar habilidades y valores implícitos en la disciplina estudiada, así como los requeridos para enfrentar un mundo cada vez más complejo. Esta situación implica un reto para los docentes, por ello surge la pregunta: ¿cómo enfrentarlo?, ¿existen medios que ayuden a superar este reto?, ¿qué sustento ofrecen las instituciones a los docentes? En este artículo se abordará esta problemática y se pretende dar a conocer a los docentes, un camino viable para enfrentar el desafío de lograr aprendizajes significativos en los alumnos.
Los planteamientos teóricos de Ausubel representan un reto en la tarea del docente, ya que poner en acción estos preceptos teóricos requiere de una
reflexión profunda y de un conocimiento amplio que permita la búsqueda de estrategias que consigan poner en acción esta teoría que rescata al aprendizaje como el eje guía de la acción docente. Álvarez (2005) comenta que involucrar a los alumnos en su proceso de aprendizaje puede considerarse como el eje del cambio. El profesor debe dejar de tener un papel protagonista en el proceso de aprendizaje, es decir, requiere entender que el nuevo paradigma educativo apunta al estudiante como el centro del proceso educativo. Esta reflexión teórica ha llevado a la autora a entender que su quehacer docente debe pensarse en función del logro de aprendizaje, es decir, la docente se preocupa por investigar si su actividad como maestra realmente está impactando positivamente el desarrollo de los alumnos. Este es un tema que preocupa y/o debe preocupar a los docentes universitarios debido a que se está produciendo una situación un tanto peculiar: por una parte se camina hacia un futuro inmediato en el que el alumnado debe participar activamente en el proceso de aprendizaje, mientras que simultáneamente se produce una falta de interés por su parte. Este vínculo entre la teoría y la práctica educativa requiere de un análisis profundo sobre la realidad del aula ya que ésta no puede ser explicada desde percepciones reduccionistas en donde el docente culpe al alumno y este a su vez al docente. Alcanzar el vínculo entre la teoría y la práctica requiere del pensamiento crítico que permite el análisis de la realidad a la luz del conocimiento teórico con el fin de generar conocimiento emanado de una actividad científica. Asimismo, es importante desarrollar una actitud crítica hacia nuestro propio desempeño como profesores y así aprender a cuestionar el aula con el fin de buscar conocimiento que permita la mejora continúa. Para ello los docentes nos valemos de los conocimientos teóricos que auxilien en el replanteamiento que hagamos como profesores de nuestra labor la cual debe estar enfocada en facilitar el logro de aprendizajes significativos, que a su vez, redundaran en la formación de estudiantes cada vez más maduros cognitiva y afectivamente.
De acuerdo con la percepción teórica de Ausubel (1983) es que a la autora le surgieron los siguientes cuestionamientos ¿cómo lograr que los alumnos tengan aprendizajes significativos?, ¿qué papel juega en la búsqueda de aprendizajes significativos el rediseño de asignaturas?, ¿requiere el docente la adquisición de conocimientos, habilidades y valores de la planeación didáctica para convertirse en un educador profesional?
Al reflexionar sobre estas ideas es que surge el siguiente cuestionamiento ¿qué posibilidad existe de lograr aprendizajes significativos sin una planeación didáctica? La respuesta a esta incógnita se encuentra en los primeros párrafos del documento. Se considera que toda meta requiere de un plan, por lo tanto, lograr que los alumnos tengan aprendizajes significativos se convierte en una meta que requiere un plan. La planeación didáctica, es considerada como planeación táctica, implica un replanteamiento sobre la práctica docente que conlleve a buscar mejorar como educadores. Asimismo, es importante mencionar que no puede haber planes adecuados si estos no se sustentan en investigación. A su vez, se cree que la mejora de la profesión docente debe estar alineada con la planeación estratégica, es decir, los maestros debemos alinear la planeación didáctica con el plan institucional, que como ya se mencionó corresponde a un
nuevo paradigma que de acuerdo con García y Álvarez (2007) se señala de la siguiente manera: El aprendizaje pasa a ser un problema del profesor; lo importante no es transmitir, sino ayudar al alumno a adquirir conocimientos y a desarrollar su capacidad de reflexión y comprensión. En este planteamiento es fundamental la labor ejercida por el profesor para despertar el interés del alumno y motivarlo, para que desempeñe un papel activo en su proceso de aprendizaje, y no sea un mero sujeto pasivo.
Cada vez que planificamos una clase, de alguna manera, creamos un puente para que nuestros alumnos conozcan, aprendan y puedan acceder a la cultura producida por las generaciones que les precedieron. En este sentido, la planificación de clases implica varios desafíos no menores; tanto, que este “hacerles este lugar en el mundo”, depende en gran parte del éxito con que logremos elegir qué segmento de la cultura, del conocimiento acumulado se enseñará, y cómo comunicaremos estos saberes. En el proceso de selección de los contenidos intervienen el conocimiento disciplinar que tenga el docente y sus criterios -y los de la institución en la que enseña- para decidir qué saberes se enseñarán, desde qué perspectiva, con qué intensidad, etc. Así, al planificar, creamos un escenario con su ambientación, escenografía, etc., en el que ocurrirán acciones de las que participaremos con nuestros alumnos, y que serán desarrolladas utilizando los diferentes lenguajes -voces, textos, imágenes, etc.- que elijamos. Más allá de nuestras intenciones o resoluciones, este escenario siempre existe, y se conforma a partir de todas las pequeñas decisiones que tomamos respecto a qué hacer o qué usar -o qué no hacer o no utilizar- para enseñar: quien sólo habla y habla frente al curso, presenta un escenario determinado, quien dicta y dicta, otro; quien hace una y otra cosa, otro; quien cuenta historias y propone desafíos, otro y, así, sucesivamente, y con todas las variantes y mixturas posibles. Mientras tanto, si bien desde hace algunos años resuena repetidamente en escuelas y ministerios la importancia de la “atención a la diversidad”, ésta es una práctica pedagógica que siempre existió para los buenos maestros, para los grandes. Sin embargo, solo desde hace algunas décadas, comenzó a tener este nombre, a teorizarse sobre ella y a proponérsela como parte del “buen enseñar”. En este contexto, vale la pena aclarar que aun hay algunos que sostienen que cuando se habla de diversidad, se está refiriendo a algunas patologías y discapacidades evidentes que hay que contemplar en la planificación y en la conformación de grupos “heterogéneos”. De cualquier manera, la opinión mayoritaria sostiene que en cualquier grupo hay diversidad y, para considerarla en la planificación de clases, no se requiere de la presencia de estos “casos evidentes”. Desde este punto de vista, sería importante componer nuestra estrategia comunicacional, combinando los distintos recursos que tenemos a nuestro alcance, para facilitar que cada niño o joven aprenda desde su individualidad única y diversa. Hay muchas personas que son parecidas; algunos -incluso-mucho. Sin embargo, y por suerte, todos somos diferentes, y tenemos formas particulares y únicas de relacionarnos y conocer el mundo. Todos aprendemos con un estilo particular y según nuestros propios intereses y, por ejemplo, a cada uno le “vienen mejor” determinados lenguajes y formas de acercamiento a la información. Y no hay un solo recurso que reúna, integre o sintetice todas las posibilidades que ofrece una discusión en grupo, una
dramatización, una búsqueda bibliográfica, manipular algunos objetos, utilizar el cuerpo, además de escribir, calcular, simular, jugar, etc. Ni siquiera las computadoras más sofisticadas. Ni siquiera Internet.
Conclusión
Si se medita en las interrogantes planteadas a lo largo de este documento, se encontrará que el diseñar el proceso de enseñanza-aprendizaje requiere un serio compromiso del docente hacia su profesión de educador, hacia la institución y hacia los estudiantes. Saber qué y cómo llevar a cabo esta fase de la planeación didáctica requiere de un proceso mental y emocional profundo, basado en teoría y en experiencia docente. Es decir, los educadores debemos interesarnos por conocer la realidad en la que nos encontramos ejerciendo nuestra tarea docente. Este hecho nos conlleva también a conocernos a través de aprender a analizarnos cómo y por qué nos comportamos de tal o cual manera.
A manera de conclusión sobre esta etapa de la planeación didáctica se puede decir que se requiere de un entrenamiento teórico-metodológico que permita vincular la teoría con la práctica mediante un proceso de reflexión que conlleve a que se entienda que en el aula no se pueden aplicar recetas, dicho de otra manera, esto implica que se requiere de una mente inquisitiva capaz de visualizar y diseñar los caminos adecuados para logro de aprendizajes significativos. Asimismo, se parte del hecho de reconocer que no todo acto de enseñanza implica un acto de aprendizaje, por lo tanto, el docente debe convertirse en un científico social para poder entender, explicar y transformar su práctica docente teniendo en cuenta que la esencia de su actividad está en alcanzar el aprendizaje por parte de los estudiantes.
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