¿Qué es el discurso? La respuesta sería fácil si pudiéramos condensar todo lo que sabemos acerca del discurso en una definición única y práctica. Pero lamentablemente la noción de discurso es esencialmente difusa. Como suele suceder en el caso de conceptos que remiten a fenómenos complejos en la disciplina en su totalidad, en nuestro caso el nuevo campo transdisciplinario de los estudios del discurso, la que proporciona la definición fundamental que se busca.
Antes de adentrarme a ese tipo de descripción más teórica que uno espera encontrar en la disciplina de los estudios del discurso, corresponde decir algunas palabras acerca de la noción de “discurso” proveniente del sentido común, tal como esta noción aparece en el lenguaje cotidiano y en el diccionario. en este sentido el término “discurso” se aplica a una forma de utilización del lenguaje, a discursos públicos o, más en general al lenguaje oral.
Otro uso del mismo término, muy difundido pero aun informal puede hallarse en los medios de comunicación y en algunas de las ciencias sociales, por ejemplo, cuando se habla del “discurso del neoliberalismo”. En este caso, el término “discurso” no se refiere exclusivamente al uso que hacen del lenguaje los pensadores o políticos neoliberales, sino también a las ideas y filosofías que ellos sustentan o divulgan. En efecto puede suceder que los estudios dedicados al discurso neoliberal no presten atención alguna al uso del lenguaje.
Los analistas del discurso, intentan ir más allá de estas definiciones características del sentido común. Admiten que el discurso en una forma de uso del lenguaje. No obstante, puesto que esta última definición continúa siendo imprecisa y no siempre conveniente, introducen un concepto de discurso más teórico, a la vez que más específico y más amplio en sus aplicaciones.
Decir que el discurso es un suceso de comunicación es una caracterización que incorpora algunos aspectos funcionales. En otras palabras, las personas utilizan el lenguaje para comunicar ideas o creencias (o para expresar emociones) y lo hacen como parte de sucesos sociales más complejos, por ejemplo, en situaciones tan específicas como un encuentro con amigos, una llamada telefónica, una lección en el aula, una entrevista de trabajo, una consulta con el médico.
También cuando leen o escriben una noticia periodística. Estos ejemplos sugieren además que, independientemente de cualquier otra cosa que ocurra en esos a veces complicados sucesos de comunicación, los participantes hacen algo, esto es, algo que va más allá, específicamente, de usar el lenguaje o comunicar ideas o creencias: interactúan. Con el objeto de destacar este aspecto interactivo, suele decirse también que el discurso es una interacción verbal.
Con esta aproximación al concepto de discurso se han identificado 3 dimensiones principales: a) el uso del lenguaje; b) la comunicación de creencias (cognición) y c) la interacción en situación de índole social. Van Dijk (2001)
Si se tienen en cuenta estas tres dimensiones, no es sorprendente que sean varias las disciplinas que participan de los estudios del discurso, como la lingüística, la psicología y las ciencias sociales.
Si bien ahora contamos con una primera caracterización de lo que se entiende por “discurso”, es necesario resolver algunas cuestiones complejas. En primer lugar, el uso del lenguaje no se limita, por supuesto, al lenguaje hablado, sino que incluye el lenguaje escrito, la comunicación y la interacción escrita, como es el caso de los periódicos, de nuestros libros de texto o nuestra correspondencia, o de miles de tipos de trabajos.
Con cada nuevo paso que damos en el camino de la definición y el análisis del discurso encontramos estructuras cada vez más alejadas de la esfera tradicional de la lingüística. De hecho ingresamos ahora en un ámbito más próximo al de las ciencias sociales: el de la acción e interacción. Los discursos no solo consisten en sonidos o imágenes y en formas abstractas de oraciones. También es posible describirlos en términos de las acciones sociales que llevan a cabo los usuarios del lenguaje cuando se comunican entre sí en situaciones sociales y dentro de la sociedad y la cultura el general.
Enfocándonos en el proceso de interacción, y adentrándonos en el tema central de este trabajo, el discurso del adolescente en la escuela secundaria, se puede decir que el discurso adolescente está preocupando por su alejamiento de las normas lingüísticas, pero es un signo de la búsqueda de identidad de los adolescentes.
Durante el primer año de nuestra vida, empezamos a conformar nuestra identidad como integrantes de una familia inserta en una comunidad de cultura y lenguaje. Desde ese momento estamos aprendiendo a ser nosotros mismos. Esta tarea continúa durante toda la vida. Aunque seamos muy chicos, percibimos mensajes de la sociedad que valora o desvalora cómo somos. Nuestra familia y la comunidad pueden reforzar o debilitar esta idea. Las dinámicas de poder también tienen sus influencias sobre nosotros.
Si hablamos de identidad pensamos en quiénes somos, cómo nos ven los demás y cómo nos vemos a nosotros mismos. La identidad nos define tanto como individuos cuanto como grupo al que pertenecemos. La identidad de un individuo humano incluye género, raza, grupo étnico, clase, cultura, lengua, edad, sexo, entre otras referencias. Todas se combinan para definir un ser único. Pero, asimismo, compartimos algunas como miembros de una comunidad.
El lenguaje es factor de identidad, que nos une al pasado y proyecta al futuro. Además, es un vínculo de símbolos que aglutina a la comunidad que comparte el mismo código. No sólo es un método de comunicación, lo trasciende porque es una institución social, lazo incuestionable que nos une al pasado, que lo mantiene
gravitando sobre nuestra actualidad, que aglutina y es un motor de identificación. Esta identificación también esta presente en grupos minoritario como los son un grupo de estudiantes de una secundaria, en este caso la secundaria en la ESG “Rosario Castellanos” y el grupo “2ºC”.
Elegí 5 libretas las cuales pertenecían a 5 diferentes materias, durante la revisión note que las libretas comparten las mismas estructuras: resúmenes, mapas, líneas de tiempo, operaciones matemáticas, cuadros sinópticos, definiciones, dictados y dibujos. Olson (1997) deja ver que el manejo de mapas, resúmenes, imágenes, etc. es para un mejor conocimiento mental. Sin embargo, las representaciones de estos esquemas solo muestran una trascripción de lo transmitido y no una verdadera comprensión ello.
La ortografía que presentan los cuadernos en su totalidad es mala. Los maestros no revisan los escritos elaborados por los alumnos, por lo tanto resulta muy evidente el problema. Las faltas de ortografía eran todas las materias y los alumnos saben que es algo que los profesores jamás revisan. En una conversación que tuve con un alumno se manifestó un poco sorprendido por el hecho de que comencé a corregirle las faltas ortográficas y me dijo: “maestra, no pierda su tiempo, regístreme el trabajo en la lista y ya, eso hacen todos”. Esto llamó bastante mi atención ya que en realidad los maestros (o al menos los que correspondían al grupo) no manifestaban interés alguno por este problema y simplemente se preocupaban por la realización del trabajo.
Es muy obvio que los alumnos no tienen ninguna forma o habito de estudio. No existen manejo de tiempos, no hay análisis de mapas, de cuadros, de investigaciones, de cuestionamientos, de guiones de exposición. Otra cosas es que los alumnos no trabajan bajos sus intereses ni en sus saberes previos. Aunque los maestros titulares deberían hacer planeaciones, y trabajar bajos los intereses de los alumnos, al igual que deberían tomar en cuenta sus tiempos para que halla una mejor revisión de trabajos (Serafini.1996).
Pero ahora el tema no se reduce a utilizar palabras propias de ese lenguaje, el código adolescente incluye adoptar un tono propio para hablar, también cortar palabras, "na" quiere decir nada, eso puede ser influenciado por el lenguaje del chat que a veces se abrevia para decir más en menos tiempo.
Es cierto que la técnica facilitó y aceleró las comunicaciones, pero el adolescente quiere ir a veces más allá de esa rapidez de la técnica de hoy. Pero el tema no se reduce a la deformación del lenguaje, la facilidad comunicativa de hoy y el tiempo que el niño y el adolescente, poco exigidos por la educación, dedican a eso, los lleva a establecer vínculos virtuales, incluso romances, que no pasan del entretenimiento, eso acostumbra a no asumir responsabilidades con seriedad, la virtualidad puede ser asumida con poco esfuerzo, y sin perspectiva de futuro, se reduce a invertir en algo el tiempo que hoy sobra, la comunicación entre jóvenes de lugares muy distantes geográficamente no pasa del hoy; el joven se acostumbra a que todo termina en el hoy, no tiene futuro.
Eso no niega que la comunicación bien usada es un beneficio, permite el encuentro con personas de lugares distantes que antes no era posible. La identidad juvenil y el lenguaje que la distingue, no es un tema que termine en la rapidez de la comunicación y la diferencia que establece con otros grupos, el problema más profundo puede encontrarse en la necesidad de buscar identidad, el joven necesita encontrar identidad y no le ayudan la familia ni la escuela, con asombrarse por el lenguaje que usan no se soluciona el problema, detrás del lenguaje hay pensamiento, aunque sea un lenguaje desmejorado y un pensamiento vacilante que busca saber quién es uno mismo. El tema puede ser tratado descubriendo qué hay en el pensamiento adolescente, si vive su vida como algo independiente de la vida familiar y escolar, en síntesis, si está solo con su crisis identitaria.
Por otra parte encontramos la interacción verbal de los jóvenes, me resulta interesante ya que en una conversación, que escuche sin que notaran que les ponía atención, aprecie que en su vocabulario las palabras que más resaltas son las obscenas. Estas palabras forman parte fuera y dentro del aula, y si hablamos fuera de la escuela, entonces esto forma parte del discurso de muchas personas en su vida diaria. El autor Olson (1997) alude que el discurso informal suele ser vago o desordenado. Efectivamente, el discurso que se puede escuchar en los jóvenes es sin un orden de oraciones y algún indicio de sintaxis.
Las conversaciones que llegan a mantener los adolescentes son de sus amigos, novio, familia y maestros. Durante una conversación de dos chicas, donde en la cual se hablaba de un joven, no solo había lenguaje, sino mímica, diversos matices de voz, e interrupciones por ambas partes. A esto es a lo que llamamos actividad no verbal, la cual constituye un factor importante dentro de la interacción verbal. “Junto con los sonidos del discurso la actividad no verbal juega un papel importante en la interpretación del sentido” Van dijk (2001) una chica no terminaba de decir algo cuando la otra chica ya la estaba interrumpiendo.
En este discurso también percibí el estado de animo que proyectaban; felicidad, emoción, ilusión, confusión. Y estos estados de ánimo se pueden captar por la presencia de lo que llamamos actividad no verbal la cual nos lleva a esa “significación” del discurso de las jóvenes. “Significación: Es parte de la lengua individual del emisor que es comprendida, dentro del marco de su propia lengua individual, por el receptor” De Felice (1985)
El discurso que manejan los adolescentes es definido por el contexto. Es por eso que encontramos “variaciones en función del contexto” y no deformaciones del lenguaje como comúnmente lo determinamos. Es importante que como docentes podamos desarrollar un discurso académico en ellos, con el fin de que se apropien de un lenguaje que pueda ser empleado en su vida diaria.