lunes, 16 de enero de 2012

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Freire, Paulo, (2000)
Pedagogía del oprimido,
53ª Edición, Siglo veintiuno editores; Buenos Aires.  


Freire sustenta una pedagogía en la que el individuo aprenda a cultivarse a través de situaciones de la vida cotidiana que él vive, misma que aporta experiencias útiles para generar situaciones de aprendizaje.
No se trata de una pedagogía para el oprimido, por el contrario, de él; el sujeto debe construir su realidad a través de las circunstancias que generan el devenir cotidiano. Los textos que el individuo construye le permiten reflexionar y analizar el mundo en que vive, pero no para adaptarse a él, sino para reformarlo.
El método de aprendizaje de Paulo Freire no es simplemente de reproducir las palabras ya existentes, sino que éstas se crean y le permiten hacer conciencia de la realidad para luchar por su emancipación, puesto que algunos adquieren una conciencia ingenua en la que se dan cuenta de su situación, sin embargo no se esfuerzan por modificarla, se sitúan en una actitud conformista al considerarla como algo normal, incluso suelen adherirse a ella. Otros individuos construyen su realidad y se liberan de la opresión pero extrañamente se convierten en el polo contra el que luchaban.
Por otra parte, lo opresores acusan a sus adversarios de ser unos viciosos, desobligados, irresponsables y culpables de su propia situación, por el contrario se debe a que se encuentran oprimidos y ello los conduce a tal situación cuya causa principal es la explotación de que son objeto. La situación se agudiza más cuando aceptan la realidad y se adaptan a ella sin cuestionarlo, mejor aún, modificarla; esta circunstancia genera en ellos una dependencia emocional que parece obligatoria, por ello, es necesario que los individuos se reconozcan a sí mismos para que emprendan la lucha hacia su liberación irremediable.

El Discurso

¿Qué es el discurso? La respuesta sería fácil si pudiéramos condensar todo lo que sabemos acerca del discurso en una definición única y práctica. Pero lamentablemente la  noción de discurso es esencialmente difusa. Como suele suceder en el caso de conceptos que remiten a fenómenos complejos en la disciplina en su totalidad, en nuestro caso el nuevo campo transdisciplinario de los estudios del discurso, la que proporciona la definición fundamental que se busca.
Antes de adentrarme a ese tipo de descripción más teórica que uno espera encontrar en la disciplina de los estudios del discurso, corresponde decir algunas palabras acerca de la noción de “discurso” proveniente del sentido común, tal como esta noción aparece en el lenguaje cotidiano y en el diccionario. en este sentido el término “discurso” se aplica a una forma de utilización del lenguaje, a discursos públicos o, más en general al lenguaje oral.
Otro uso del mismo término, muy difundido pero aun informal puede hallarse en los medios de comunicación y en algunas de las ciencias sociales, por ejemplo, cuando se habla del “discurso del neoliberalismo”. En este caso, el término “discurso” no se refiere exclusivamente  al uso que hacen del lenguaje los pensadores o políticos neoliberales, sino también a las ideas y filosofías que ellos sustentan o divulgan. En efecto puede suceder que los estudios dedicados al discurso neoliberal no presten atención alguna al uso del lenguaje.
Los analistas del discurso, intentan ir más allá de estas definiciones características del sentido común. Admiten que el discurso en una forma de uso del lenguaje. No obstante, puesto que  esta última definición continúa siendo imprecisa y no siempre conveniente, introducen un concepto de discurso más teórico, a la vez que más específico y más amplio en sus aplicaciones. 
Decir que el discurso es un suceso de comunicación es una caracterización que incorpora algunos aspectos funcionales. En otras palabras, las personas utilizan el lenguaje para comunicar ideas o creencias (o para expresar emociones) y lo hacen como parte de sucesos sociales más complejos, por ejemplo, en situaciones tan específicas como un encuentro con amigos, una llamada telefónica, una lección en el aula, una entrevista de trabajo, una consulta con el médico. 
También cuando leen o escriben una noticia periodística.  Estos ejemplos sugieren además que, independientemente de cualquier otra cosa  que ocurra en esos a veces complicados sucesos de comunicación, los participantes hacen algo, esto es, algo que va más allá, específicamente, de usar el lenguaje o comunicar ideas o creencias: interactúan. Con el objeto de destacar este aspecto interactivo, suele decirse también que el discurso es una interacción verbal.  
Con esta aproximación al concepto de discurso se han identificado 3 dimensiones principales: a) el uso del lenguaje; b) la comunicación de creencias (cognición) y c) la interacción en situación de índole social. Van Dijk (2001)
 Si se tienen en cuenta estas tres dimensiones, no es sorprendente que sean varias las disciplinas que participan de los estudios del discurso, como la lingüística, la psicología y las ciencias sociales. 
Si bien ahora contamos con una primera caracterización de lo que se entiende por “discurso”, es necesario resolver algunas cuestiones complejas. En primer lugar, el uso del lenguaje no se limita, por supuesto, al lenguaje hablado, sino que incluye el lenguaje escrito, la comunicación y la interacción escrita, como es el caso de los periódicos, de nuestros libros de texto o nuestra correspondencia, o de miles de tipos de trabajos. 
Con cada nuevo paso que damos en el camino de la definición y el análisis del discurso encontramos estructuras cada vez más alejadas de la esfera tradicional de la lingüística. De hecho ingresamos ahora en un ámbito más próximo al de las ciencias sociales: el de la acción e interacción. Los discursos no solo consisten en sonidos o imágenes y en formas abstractas de oraciones. También es posible describirlos en términos de las acciones sociales que llevan a cabo los usuarios del lenguaje cuando se comunican entre sí en situaciones sociales y dentro de la sociedad y la cultura el general.
Enfocándonos en el proceso de interacción, y adentrándonos en el tema central de este trabajo, el discurso del adolescente en la escuela secundaria, se puede decir que el discurso adolescente está preocupando por su alejamiento de las normas lingüísticas, pero es un signo de la búsqueda de identidad de los adolescentes.
Durante el primer año de nuestra  vida, empezamos a conformar nuestra identidad como integrantes de una familia inserta en  una comunidad de cultura y lenguaje. Desde ese momento estamos aprendiendo a ser nosotros mismos. Esta tarea continúa durante toda la vida. Aunque seamos muy chicos, percibimos mensajes de la sociedad que valora o desvalora cómo somos. Nuestra familia y la comunidad pueden reforzar o debilitar esta idea. Las dinámicas de poder también tienen sus influencias sobre nosotros.
Si hablamos de identidad pensamos en quiénes somos, cómo nos ven los demás y cómo nos vemos a nosotros mismos. La identidad nos define tanto como individuos cuanto como grupo al que pertenecemos. La identidad de un individuo humano incluye género, raza, grupo étnico, clase, cultura, lengua, edad, sexo, entre otras referencias. Todas se combinan para definir un ser único. Pero, asimismo, compartimos algunas como miembros de una comunidad. 
El lenguaje es factor de identidad, que nos une al pasado y proyecta al futuro. Además, es un vínculo de símbolos que aglutina  a la comunidad que comparte el mismo código. No sólo es un método de comunicación, lo trasciende porque es una institución social, lazo incuestionable que nos une al pasado, que lo mantiene
gravitando sobre nuestra actualidad, que aglutina y es un motor de identificación. Esta identificación también esta presente en grupos minoritario como los son un grupo de estudiantes de una secundaria, en este caso la secundaria en la ESG “Rosario Castellanos” y el grupo “2ºC”. 
Elegí 5 libretas las cuales pertenecían a 5 diferentes materias, durante la revisión note que las libretas comparten las mismas estructuras: resúmenes, mapas, líneas de tiempo, operaciones matemáticas, cuadros sinópticos, definiciones, dictados y dibujos. Olson (1997) deja ver que el manejo de mapas, resúmenes, imágenes, etc. es para un mejor conocimiento mental. Sin embargo, las representaciones de estos esquemas solo muestran una trascripción de lo transmitido y no una verdadera comprensión ello.  
La ortografía que presentan los cuadernos en su totalidad es mala. Los maestros no revisan los escritos elaborados por los alumnos, por lo tanto resulta muy evidente el problema. Las faltas de ortografía eran todas las materias y los alumnos saben que es algo que los profesores  jamás revisan. En una conversación que tuve con un alumno se manifestó un poco sorprendido por el hecho de que comencé a corregirle las faltas ortográficas y me dijo: “maestra, no pierda su tiempo, regístreme el trabajo en la lista y ya, eso hacen todos”. Esto llamó bastante mi atención ya que en realidad los maestros (o al menos los que correspondían al grupo) no manifestaban interés alguno por este problema y simplemente se preocupaban por la realización del trabajo.
Es muy obvio que los alumnos no tienen ninguna forma o habito de estudio. No existen manejo de tiempos, no hay análisis de mapas, de cuadros, de investigaciones, de cuestionamientos, de guiones de exposición. Otra cosas es que los alumnos no trabajan bajos sus intereses ni en sus saberes previos. Aunque los maestros titulares deberían hacer planeaciones, y trabajar bajos los intereses de los alumnos, al igual que deberían tomar en cuenta sus tiempos para que halla una mejor revisión de trabajos (Serafini.1996).   
Pero ahora el tema no se reduce a utilizar palabras propias de ese lenguaje, el código adolescente incluye adoptar un tono propio para hablar, también cortar palabras, "na" quiere decir nada, eso puede ser influenciado por el lenguaje del chat que a veces se abrevia para decir más en menos tiempo. 
Es cierto que la técnica facilitó y aceleró las comunicaciones, pero el adolescente quiere ir a veces más allá de esa rapidez de la técnica de hoy. Pero el tema no se reduce a la deformación del lenguaje, la facilidad comunicativa de hoy y el tiempo que el niño y el adolescente, poco exigidos por la educación, dedican a eso, los lleva a establecer vínculos virtuales, incluso romances, que no pasan del entretenimiento, eso acostumbra a no asumir responsabilidades con seriedad, la virtualidad puede ser asumida con poco esfuerzo, y sin perspectiva de futuro, se reduce a invertir en algo el tiempo que hoy sobra, la comunicación entre jóvenes de lugares muy distantes geográficamente no pasa del hoy; el joven se acostumbra a que todo termina en el hoy, no tiene futuro.
 Eso no niega que la comunicación bien usada es un beneficio, permite el encuentro con personas de lugares distantes que antes no era posible. La identidad juvenil y el lenguaje que la distingue, no es un tema que termine en la rapidez de la comunicación y la diferencia que establece con otros grupos, el problema más profundo puede encontrarse en la necesidad de buscar identidad, el joven necesita encontrar identidad y no le ayudan la familia ni la escuela, con asombrarse por el lenguaje que usan no se soluciona el problema, detrás del lenguaje hay pensamiento, aunque sea un lenguaje desmejorado y un pensamiento vacilante que busca saber quién es uno mismo. El tema puede ser tratado descubriendo qué hay en el pensamiento adolescente, si vive su vida como algo independiente de la vida familiar y escolar, en síntesis, si está solo con su crisis identitaria.
Por otra parte encontramos la interacción verbal de los jóvenes, me resulta interesante ya que en una conversación, que escuche sin que notaran que les ponía atención, aprecie que  en su vocabulario las palabras que más resaltas son las obscenas. Estas palabras forman parte fuera y dentro del aula, y si hablamos fuera de la escuela, entonces esto forma parte del discurso de muchas personas en su vida diaria. El autor Olson (1997) alude que el discurso informal suele ser vago o desordenado. Efectivamente, el discurso que se puede escuchar en los jóvenes es sin un orden de oraciones y algún indicio de sintaxis.  
Las conversaciones que llegan a mantener los adolescentes son de sus amigos, novio, familia y  maestros. Durante una conversación de dos chicas, donde en  la cual  se hablaba de un joven, no solo había lenguaje, sino mímica, diversos matices de voz, e interrupciones por ambas partes. A esto es a lo que llamamos actividad no verbal, la cual constituye un factor importante dentro de la interacción verbal. “Junto con los sonidos del discurso la actividad no verbal juega un papel importante en la interpretación del sentido” Van dijk (2001) una chica no terminaba de decir algo cuando la otra chica ya la estaba interrumpiendo.
 En este discurso también  percibí  el estado  de animo que proyectaban; felicidad, emoción, ilusión, confusión.  Y estos estados de ánimo se pueden captar por la presencia de lo que llamamos actividad no verbal la cual nos lleva a esa “significación” del discurso de las jóvenes. “Significación: Es parte de la lengua individual del emisor que es comprendida, dentro del marco de su propia lengua individual, por el receptor” De Felice (1985) 
El discurso que manejan los adolescentes es definido por el contexto. Es por eso que encontramos “variaciones en función del contexto” y no deformaciones del lenguaje como comúnmente lo determinamos.  Es importante que como docentes podamos desarrollar un discurso académico en ellos, con el fin de que se apropien de un lenguaje que pueda ser empleado en su vida diaria.  

domingo, 15 de enero de 2012

LA PLANEACIÓN

Por: Paola Lozano

Planificar es imperioso para un profesor, pues permite juntar la teoría con la práctica. Es decir, poder hacer uso de los contenidos (teoría), que son más o menos estándares y comunes, de la forma más conveniente posible. De esta manera, una planificación apropiada implica que el docente pueda recurrir a diferentes herramientas y metodologías para que los contenidos programáticos lleguen de mejor manera a los alumnos. 
En este artículo se hablará sobre la importancia que tiene estos conocimientos al momento de planear la clase. También se verá como es necesario tener conocimientos teóricos y metodológicos que permitan a los docentes estar capacitados para realizar de manera  efectiva su acción docente, la cual está muy relacionada con el desarrollo de la habilidad de planear la cual a su vez, requiere del desarrollo de habilidades para la investigación educativa con el fin de replantear la tarea a luz de datos tanto teóricos como los emanados de la experiencia diaria en el aula.

Actualmente en las instituciones de educación tanto en el nivel primario como en el superior se ha observado la importancia que tiene para el desarrollo del estudiante el aprendizaje significativo. Este concepto es acuñado dentro de la teoría cognoscitiva del aprendizaje, siendo David Ausubel (1983) uno de sus principales representantes. Este autor concibe el proceso de enseñanza-aprendizaje como un fenómeno complejo en donde existe una diversidad de variables que afectan el acto de aprender, es por ello que el cambio prioritario en el que se sustentan los preceptos de estos planes educativos estratégicos es buscar que los docentes comprendan que dentro de las aulas es prioritario el acto de aprender, lo cual implica lograr que el estudiante encuentre significativo lo que el docente pretende que él aprenda.
Ausubel (1983), mediante su teoría, enfatiza la importancia que tiene para los estudiantes la formación intelectual. Dicha situación implica para los docentes un reto, ya que supone para ellos la búsqueda de estrategias de enseñanza-aprendizaje así como actividades de aprendizaje y evaluación que conduzcan a interesar a los alumnos en el aprendizaje del contenido de la materia, lo cual a su vez será el medio por el cual se buscará desarrollar habilidades y valores implícitos en la disciplina estudiada, así como los requeridos para enfrentar un mundo cada vez más complejo. Esta situación implica un reto para los docentes, por ello surge la pregunta: ¿cómo enfrentarlo?, ¿existen medios que ayuden a superar este reto?, ¿qué sustento ofrecen las instituciones a los docentes? En este artículo se abordará esta problemática y se pretende dar a conocer a los docentes, un camino viable para enfrentar el desafío de lograr aprendizajes significativos en los alumnos.
Los planteamientos teóricos de Ausubel representan un reto en la tarea del docente, ya que poner en acción estos preceptos teóricos requiere de una
reflexión profunda y de un conocimiento amplio que permita la búsqueda de estrategias que consigan poner en acción esta teoría que rescata al aprendizaje como el eje guía de la acción docente. Álvarez (2005) comenta que involucrar a los alumnos en su proceso de aprendizaje puede considerarse como el eje del cambio. El profesor debe dejar de tener un papel protagonista en el proceso de aprendizaje, es decir, requiere entender que el nuevo paradigma educativo apunta al estudiante como el centro del proceso educativo. Esta reflexión teórica ha llevado a la autora a entender que su quehacer docente debe pensarse en función del logro de aprendizaje, es decir, la docente se preocupa por investigar si su actividad como maestra realmente está impactando positivamente el desarrollo de los alumnos. Este es un tema que preocupa y/o debe preocupar a los docentes universitarios debido a que se está produciendo una situación un tanto peculiar: por una parte se camina hacia un futuro inmediato en el que el alumnado debe participar activamente en el proceso de aprendizaje, mientras que simultáneamente se produce una falta de interés por su parte. Este vínculo entre la teoría y la práctica educativa requiere de un análisis profundo sobre la realidad del aula ya que ésta no puede ser explicada desde percepciones reduccionistas en donde el docente culpe al alumno y este a su vez al docente. Alcanzar el vínculo entre la teoría y la práctica requiere del pensamiento crítico que permite el análisis de la realidad a la luz del conocimiento teórico con el fin de generar conocimiento emanado de una actividad científica. Asimismo, es importante desarrollar una actitud crítica hacia nuestro propio desempeño como profesores y así aprender a cuestionar el aula con el fin de buscar conocimiento que permita la mejora continúa. Para ello los docentes nos valemos de los conocimientos teóricos que auxilien en el replanteamiento que hagamos como profesores de nuestra labor la cual debe estar enfocada en facilitar el logro de aprendizajes significativos, que a su vez, redundaran en la formación de estudiantes cada vez más maduros cognitiva y afectivamente.
De acuerdo con la percepción teórica de Ausubel (1983) es que a la autora le surgieron los siguientes cuestionamientos ¿cómo lograr que los alumnos tengan aprendizajes significativos?, ¿qué papel juega en la búsqueda de aprendizajes significativos el rediseño de asignaturas?, ¿requiere el docente la adquisición de conocimientos, habilidades y valores de la planeación didáctica para convertirse en un educador profesional?
Al reflexionar sobre estas ideas es que surge el siguiente cuestionamiento ¿qué posibilidad existe de lograr aprendizajes significativos sin una planeación didáctica? La respuesta a esta incógnita se encuentra en los primeros párrafos del documento. Se considera que toda meta requiere de un plan, por lo tanto, lograr que los alumnos tengan aprendizajes significativos se convierte en una meta que requiere un plan. La planeación didáctica,  es considerada como planeación táctica, implica un replanteamiento sobre la práctica docente que conlleve a buscar mejorar como educadores. Asimismo, es importante mencionar que no puede haber planes adecuados si estos no se sustentan en investigación. A su vez, se cree que la mejora de la profesión docente debe estar alineada con la planeación estratégica, es decir, los maestros debemos alinear la planeación didáctica con el plan institucional, que como ya se mencionó corresponde a un
nuevo paradigma que de acuerdo con García y Álvarez (2007) se señala de la siguiente manera: El aprendizaje pasa a ser un problema del profesor; lo importante no es transmitir, sino ayudar al alumno a adquirir conocimientos y a desarrollar su capacidad de reflexión y comprensión. En este planteamiento es fundamental la labor ejercida por el profesor para despertar el interés del alumno y motivarlo, para que desempeñe un papel activo en su proceso de aprendizaje, y no sea un mero sujeto pasivo. 
Cada vez que planificamos una clase, de alguna manera, creamos un puente para que nuestros alumnos conozcan, aprendan y puedan acceder a la cultura producida por las generaciones que les precedieron. En este sentido, la planificación de clases implica varios desafíos no menores; tanto, que este “hacerles este lugar en el mundo”, depende en gran parte del éxito con que logremos elegir qué segmento de la cultura, del conocimiento acumulado se enseñará, y cómo comunicaremos estos saberes. En el proceso de selección de los contenidos intervienen el conocimiento disciplinar que tenga el docente y sus criterios -y los de la institución en la que enseña- para decidir qué saberes se enseñarán, desde qué perspectiva, con qué intensidad, etc. Así, al planificar, creamos un escenario con su ambientación, escenografía, etc., en el que ocurrirán acciones de las que participaremos con nuestros alumnos, y que serán desarrolladas utilizando los diferentes lenguajes -voces, textos, imágenes, etc.- que elijamos. Más allá de nuestras intenciones o resoluciones, este escenario siempre existe, y se conforma a partir de todas las pequeñas decisiones que tomamos respecto a qué hacer o qué usar -o qué no hacer o no utilizar- para enseñar: quien sólo habla y habla frente al curso, presenta un escenario determinado, quien dicta y dicta, otro; quien hace una y otra cosa, otro; quien cuenta historias y propone desafíos, otro y, así, sucesivamente, y con todas las variantes y mixturas posibles. Mientras tanto, si bien desde hace algunos años resuena repetidamente en escuelas y ministerios la importancia de la “atención a la diversidad”, ésta es una práctica pedagógica que siempre existió para los buenos maestros, para los grandes. Sin embargo, solo desde hace algunas décadas, comenzó a tener este nombre, a teorizarse sobre ella y a proponérsela como parte del “buen enseñar”. En este contexto, vale la pena aclarar que aun hay algunos que sostienen que cuando se habla de diversidad, se está refiriendo a algunas patologías y discapacidades evidentes que hay que contemplar en la planificación y en la conformación de grupos “heterogéneos”. De cualquier manera, la opinión mayoritaria sostiene que en cualquier grupo hay diversidad y, para considerarla en la planificación de clases, no se requiere de la presencia de estos “casos evidentes”. Desde este punto de vista, sería importante componer nuestra estrategia comunicacional, combinando los distintos recursos que tenemos a nuestro alcance, para facilitar que cada niño o joven aprenda desde su individualidad única y diversa. Hay muchas personas que son parecidas; algunos -incluso-mucho. Sin embargo, y por suerte, todos somos diferentes, y tenemos formas particulares y únicas de relacionarnos y conocer el mundo. Todos aprendemos con un estilo particular y según nuestros propios intereses y, por ejemplo, a cada uno le “vienen mejor” determinados lenguajes y formas de acercamiento a la información. Y no hay un solo recurso que reúna, integre o sintetice todas las posibilidades que ofrece una discusión en grupo, una
dramatización, una búsqueda bibliográfica, manipular algunos objetos, utilizar el cuerpo, además de escribir, calcular, simular, jugar, etc. Ni siquiera las computadoras más sofisticadas. Ni siquiera Internet.
Conclusión 
Si se medita en las interrogantes planteadas a lo largo de este documento, se encontrará que el diseñar el proceso de enseñanza-aprendizaje requiere un serio compromiso del docente hacia su profesión de educador, hacia la institución y hacia los estudiantes. Saber qué y cómo llevar a cabo esta fase de la planeación didáctica requiere de un proceso mental y emocional profundo, basado en teoría y en experiencia docente. Es decir, los educadores debemos interesarnos por conocer la realidad en la  que nos encontramos ejerciendo nuestra tarea docente. Este hecho nos conlleva también a conocernos a través de aprender a analizarnos cómo y por qué nos comportamos de tal o cual manera.
A manera de conclusión sobre esta etapa de la planeación didáctica se puede decir que se requiere de un entrenamiento teórico-metodológico que permita vincular la teoría con la práctica mediante un proceso de reflexión que conlleve a que se entienda que en el aula no se pueden aplicar recetas, dicho de otra manera, esto implica que se requiere de una mente inquisitiva capaz de visualizar y diseñar los caminos adecuados para logro de aprendizajes significativos. Asimismo, se parte del hecho de reconocer que no todo acto de enseñanza implica un acto de aprendizaje, por lo tanto, el docente debe convertirse en un científico social para poder entender, explicar y transformar su práctica docente teniendo en cuenta que la esencia de su actividad está en alcanzar el aprendizaje por parte de los estudiantes.